sábado, 1 de febrero de 2014

El guardagujas.

Entre la primera cuerda y la segunda se refugia el guardagujas. Un guardagujas que ha perdido la fe en el mundo. Ya no sabe a quién guiar. Ya no sabe qué camino tomar: Mi, Si. Las cuerdas de la guitarra son como carreteras infinitas con unas fórmulas universales. Y el traste es un desierto vacío, como los dedos que el guardagujas ya no recuerda. Allí vive irremediablemente. Entre la intensidad del sonido de la nota Mi y la intensidad del sonido de la nota Si. Se encuentra en un laberinto donde la única carretera con salida desemboca en el infinito. Se han agotado sus sueños, se han quedado sin destino los últimos trenes de aquellas vías de potencia acústica y propagación. Y es que no olvida que un día su microestación estaba repleta de mundos paralelos. Miles de personas compraban el billete hacia lo desconocido, e inventaban historias que decoraban las siguientes generaciones. El guardagujas ayudaba a aquellas almas sin camino. El primer tren cruzaba el país de Este a Oeste y el segundo de Oeste a Este. Una única vía que lo recorría todo de punta a punta. Iniciaba el viaje repleto y regresaba vacío. Pero tan solo es un recuerdo. Ahora es inútil dar el salto. Aquel desierto es lo único que al guardagujas acompaña. La sociedad, el mundo y el sonido han desaparecido para siempre.
 
El guardagujas vive la expansión del Universo en el traste de una guitarra.

 

2 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

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  2. El guardagujas ya no tiene oficio porque todo se ha banalizado en esta sociedad capitalista donde reinan el hastío, la desidia y la superficialidad. ¿Quién tiene la culpa de todo esto?

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