lunes, 17 de agosto de 2015

Baile en un reflejo

Tú viajabas a mi lado en el tren. Viajabas conmigo. Un poco más alto, un poco más nivelada. El suelo te elevaba, más bien lo hacía la cristalera. Giraba la cabeza a la derecha y aunque yo estuviera al lado de la ventana, ahí estabas tú. A lo lejos. Volabas por encima del suelo, volabas por encima de los árboles, para mí volabas eternamente. Eras como un ángel encima de las luces. Te fijabas en mí y me mirabas a los ojos. Sonreías. Agitabas la mirada. Te ponías nerviosa. Yo hacía los mismos gestos infantiles. Pero allí estábamos nosotros. Yo sentado al lado de la ventana y tú por encima de los árboles. Cuando decidiste levantarte bailábamos juntos con la misma canción de fondo. Tú levantada girabas sobre tu propio cuerpo y yo imaginando que escuchábamos la misma canción bailaba con los ojos, me movía, me agitaba también. Aun así me faltaba algo, quería más. Chocaba el cristal con la palma de la mano, te sonreía, te buscaba… Pero giraba la cabeza, y no había nadie.


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